Puede pasar que la espera
no sea buena consejera.
Aunque aplazar lo inminente
parezca una estrategia.
El tiempo es un elemento sagrado
un jugador suizo
que no tolera excesos.
El momento del olvido
ese preciso instante en el que todo cambia
está hecho de sucesivos pensamientos y amarguras
de cansancio y revelaciones abstractas
que deberás atrapar al vuelo.
Me ha costado aceptar que nada es para siempre
y cuando regresa la perpetuidad como ilusión vana
debo aquietarme y dejar de pensar
como te digo ingenuamente que hagas.
Hay un hilo que atraviesa la ciudad.
Si lo siguiera me llevaría directo hasta tu casa
Pero hay obstáculos que no sé franquear
en esta noche indiferente, dormida y mansa.
Te diría que en mi corazón hay un caballo que late
que cabalga a la velocidad de la luz.
Pero está prohibido hablar del corazón y de la brisa
de mañanas matutinas que acumulan desengaños
de despertares inquietos con café que pasea
con insomnios dolientes que corroboran las penas.
Hay que usar esas palabras que aprueben los ojos
hay que buscar otro código que todos entiendan.
Pero es imposible, verás qué difícil
transportarte a mi alma
con unas pocas corcheas.
Y estás tan lejos
que apenas te siento
y todos están en su mundo
que nunca comprendo.
Me siento muy sola
pero eso me llena
porque estoy conmigo
y vale la pena.
A pesar de todo lo intento
como un gato que llama
o como regresa la marea.
Seremos tan tercos
que seguimos buscando
eso innombrable
que nos sigue esperando.
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